3.8.09

A VECES, NO ESCRIBO

Este poema se lo dedico a Víctor Sierra, porque hoy leí la entrevista que le hicieron en "La huella digital" y me contagió de su honestidad, de su bondad, de su belleza.

A veces, no escribo.
Porque me da miedo. No sé.
A veces, no escribo
porque me parece justo no inflamar la conciencia del lector con fantasmas,
porque mi única verdad es la misma que la de todos:
que “me voy a morir”.
Y dicho eso,
¿a qué mandar más mensajes?
Por eso, hay veces que no escribo,
porque hay veces que no corro,
hay veces que me apetece ir caminando y considerar lo que me ofrece la vida,
(porque me voy a morir, precisamente por eso)
¿Un gato? Pues un gato.
Desaparece de pronto.
Quizás haya muerto.
Puede haber llovido.
Llega del campo una brisa que huele a grano húmedo,
y entonces uno piensa en tal o cual día,
cuando un olor similar impregnó la memoria de un niño.
Ahí las cosas se ponen difíciles.
Apetece correr. Tomar un autobús. Enterrarse allí mismo.
A veces, escribir, me da miedo.
Porque me veo desaparecer,
perder la identidad entre tanta belleza,
entre tanta bondad,
entre tanta vida.
Simplemente, despedirme.
No caber.
Es demasiado para mí.
Quizás porque tengo miedo,
y miedoso nadie puede ser bello,
nadie puede ser bueno,
y no pegas ahí,
entre tanta armonía.
…Y uno no puede andar por ahí
sintiéndose vivo a cada rato:
en insoportable:
un día crees abrir otra puerta y te sorprende la tumba.
Por eso, a veces, no escribo,
porque hay cosas que no se pueden contar.
Porque lo que merecería la Pena contar
sólo se puede vivir,
porque soy un hombre con miedo,
porque soy un hombre sencillo y pienso
que no hay nada nuevo bajo el sol,
que si de la realidad descartas lo inefable
sólo te queda un verso:
me voy a morir, nos vamos a morir,
y quizás añada “caminemos despacio”
si no tengo miedo,
o quizás lo intente,
y entonces escriba,
“sin saber por qué”,
“un poco más”,
“un poco”,
“la palabra amor que se contiene en un charco”.

VOLVER AL DÍA

He de reconocer que me da miedo volver.
Seguramente porque no se puede. Aunque uno pueda crearse esa ilusión. ...Como decía Salem, el camino es sólo de ida.
Fantaseo sobre los minutos que pasaré cerca de vosotros, como si pudiera tener un acceso cutre al futuro de mi memoria. Y todo es velocidad. Los minutos son segundos, las horas son medios minutos, los días son cuartos de hora, las semanas el transcurso de una buena peli, y así... hasta que ya no esté. Es un poco pesadilla.
Prefiero la reflexión de Borges acerca del Ulysses de Joyce:

En un día del hombre están los días
del tiempo, desde aquel inconcebible
día inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefijó los días y agonías
hasta aquel otro en que el ubicuo río
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.

Entre el alba y la noche está la historia
universal. Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,
Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.

Dame, señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.

Ahora se me ocurre que quizás en esta concepción está la clave de darnos siempre los "buenos días", en plural. Al saludarnos el día, nos los saludamos todos, celebramos la salud, el latir, la vida de todos los días que nos quedan y los que ya tuvimos. Pensar así hace sentir casi alguna esperanza para el bien de nuestra civilización.

Lo que pasa, quizás, es que no tengo ganas de veros. Tengo ganas de que nos veamos. Y en esa reflexión recíproca de rostros y pupilas, aniquilar el tiempo, el mito del tiempo indomable, el tiempo tirano de nuestro tiempo, de nuestro día.

Siento ahora que la más íntima declaración de amor pueda ser "quiero pasar un día entero contigo", "quiero compartir contigo la eternidad". Celebremos, pues, nuestros días como si fueran los últimos. Yo, por mi parte, prometo dejar de acceder a la maquinaria cutre de acceso al futuro de mi memoria.