Este poema se lo dedico a Víctor Sierra, porque hoy leí la entrevista que le hicieron en "La huella digital" y me contagió de su honestidad, de su bondad, de su belleza.
A veces, no escribo.
Porque me da miedo. No sé.
A veces, no escribo
porque me parece justo no inflamar la conciencia del lector con fantasmas,
porque mi única verdad es la misma que la de todos:
que “me voy a morir”.
Y dicho eso,
¿a qué mandar más mensajes?
Por eso, hay veces que no escribo,
porque hay veces que no corro,
hay veces que me apetece ir caminando y considerar lo que me ofrece la vida,
(porque me voy a morir, precisamente por eso)
¿Un gato? Pues un gato.
Desaparece de pronto.
Quizás haya muerto.
Puede haber llovido.
Llega del campo una brisa que huele a grano húmedo,
y entonces uno piensa en tal o cual día,
cuando un olor similar impregnó la memoria de un niño.
Ahí las cosas se ponen difíciles.
Apetece correr. Tomar un autobús. Enterrarse allí mismo.
A veces, escribir, me da miedo.
Porque me veo desaparecer,
perder la identidad entre tanta belleza,
entre tanta bondad,
entre tanta vida.
Simplemente, despedirme.
No caber.
Es demasiado para mí.
Quizás porque tengo miedo,
y miedoso nadie puede ser bello,
nadie puede ser bueno,
y no pegas ahí,
entre tanta armonía.
…Y uno no puede andar por ahí
sintiéndose vivo a cada rato:
en insoportable:
un día crees abrir otra puerta y te sorprende la tumba.
Por eso, a veces, no escribo,
porque hay cosas que no se pueden contar.
Porque lo que merecería la Pena contar
sólo se puede vivir,
porque soy un hombre con miedo,
porque soy un hombre sencillo y pienso
que no hay nada nuevo bajo el sol,
que si de la realidad descartas lo inefable
sólo te queda un verso:
me voy a morir, nos vamos a morir,
y quizás añada “caminemos despacio”
si no tengo miedo,
o quizás lo intente,
y entonces escriba,
“sin saber por qué”,
“un poco más”,
“un poco”,
“la palabra amor que se contiene en un charco”.